OXITOCINA: LA HORMONA DE LA FELICIDAD

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Nuestro cerebro es una máquina de engranajes precisos con funcionalidad muy específica, regido por multitud de señales internas, externas o ambientales y por nuestra propia mente-emocional.

Nuestros estados de ánimo y nuestro bienestar dependen de sustancias químicas secretadas por nuestro cerebro, “somos pura química”. Somos hormonas o neuropéptidos secretados que manejan, en cierta manera, nuestro comportamiento y nuestra conducta.

La oxitocina es la llamada HORMONA DE LA FELICIDAD, que interviene en los lazos afectivos de nuestras relaciones.

Es la hormona que se libera en el parto y en la lactancia. Es la HORMONA DEL AMOR.

Está vinculada al sentimiento maternal y paternal responsable de la creación de afecto.

La oxitocina es un péptido corto de nueve aminoácidos, sintetizada por células nerviosas neurosecretoras en el núcleo supraóptico y núcleo paraventricular del hipotálamo; es transportada por su proteína transportadora, neurofisina y viaja al torrente sanguíneo (vida media en sangre de tres minutos) para cumplir con sus funciones neurotransmisoras.

Fue sintetizada por el químico estadounidense Vincent du Vigneaud en 1995, por la que recibió el Premio Nobel.

La oxitocina se activa para dar paso a su funcionalidad de efectos físicos y psicológicos relacionados con sentimientos de afecto. Fragua relaciones sociales entre personas y tiene un papel principal en conductas del comportamiento en cuanto a sentimientos de generosidad y de protección grupal.

Algunos investigadores afirman que potencia la supervivencia, tanto a nivel individual como colectivo.

No es de extrañar que se le atribuya sentimientos de unión emocional y de vínculo afectivo entre la madre y el bebé, así lo avala la revista Psychological Science, que relata el sentimiento protector maternal, e incluso la capacidad en los bebés de reconocer la voz de sus padres.

Estudios de laboratorio con roedores a los que se les han inhibido la hormona mostraban cierto desapego entre sus crías.

Se ha comprobado que niños autistas poseen un nivel menor de oxitocina en sangre, y se piensa en una posible aplicación médica en el futuro, aunque actualmente solamente sea una posibilidad.

Modula el mecanismo del parto. Provoca las contracciones uterinas durante el parto y ayuda a la dilatación cervical previa al parto.

Tras el nacimiento, ayuda a la recuperación del útero y a la coagulación de la unión de la placenta tras el alumbramiento para frenar hemorragias.

La oxitocina beneficia a la lactancia, estimulando las glándulas mamarias y favoreciendo la secreción de leche, mediante el mecanismo de reflejo de la succión del bebé.

Se le llama también la HORMONA DE LA FIDELIDAD, ya que se establece en el cerebro mecanismos que llevan a decidir la monogamia.

Es capaz de estimular el cerebro para provocar procesos de empatía (capacidad de ponerse en el lugar del otro y de comprender lo que sucede) con trasfondo de posibles sentimientos filantrópicos, sentimientos de confianza, calma, fidelidad, generosidad.

Suele liberarse en momentos en los que se hace deporte, abrazamos, besamos, jugamos o bailamos.

Pero la liberación de la hormona no siempre se traduce en efectos positivos. Al administrarla sintéticamente, en espray, provoca más agresividad y actitudes más desinhibidoras, por lo que puede reducir la sensación de miedo, lo que conlleva acciones más arriesgadas.

Antes del parto, su uso está contraindicado, sin prescripción médica, por provocar abortos.

En la madre puede ocasionar un efecto diurético con riesgo de deshidratación.

En el hijo puede ocasionar taquicardias y/o sufrimiento fetal.

La oxitocina regula patrones emocionales, hecho científicamente probado, y genera cambios bruscos de humor, inclusive pueden existir problemas de concentración y de retención de la información.

A pesar de que la oxitocina no se encuentre en ningún alimento, hay ligeras evidencias sobre alimentos que pueden estimular su producción, como, por ejemplo, perejil, romero, eneldo, tomillo, hinojo, hierbabuena, chocolate, leche.

Por tanto, la función de la oxitocina es un mecanismo complejo, teniendo en cuenta que la liberación de la hormona se encuentra generalmente cuando estamos enamorados.

La oxitocina, poéticamente hablando, florece en nuestro organismo cuando estamos enamorados, y el contacto humano también favorece su aparición.

 

Dra. ESTHER ALVARO

Licenciada en Medicina y Cirugía

Medicina Integrativa