BENEFICIOS DE LA VITAMINA D

Es la vitamina más nombrada durante la pandemia y la que, ante la llegada del aumento de horas solares, en verano nos volvemos a recordar de ella. Son muchas las funciones que tiene e interviene de

Es la vitamina más nombrada durante la pandemia y la que, ante la llegada del aumento de horas solares, en verano nos volvemos a recordar de ella.

Son muchas las funciones que tiene e interviene de manera muy importante en la fisiología del organismo.

La vitamina D se considera una hormona por su estructura y sus mecanismos de acción, a pesar de que su aporte debe ser externo mediante la alimentación y la toma de luz solar para que se pueda sintetizar.

El conocimiento de la vitamina D se remonta al estudio del raquitismo. A veces no se cubren las necesidades diarias, por lo que es necesario llevar una correcta alimentación y, a través de las radiaciones solares (ultravioleta), activar la vitamina D.

Existen varias formas de vitamina D (D2 y D3), dependiendo de su composición química. La D2, o ergocalciferol, está presente en vegetales, hongos y levaduras. La D3, o colecalciferol, procede de la grasa animal, principalmente y se encuentra en los aceites y grasas de muchos pescados grasos (salmón, caballa, arenque, atún, sardinas), aceites de hígado de pescado, en mantequilla, leche, queso y yema de huevo.

La vitamina D es liposoluble y termorresistente (al calentar los alimentos ricos en vitamina D, no se destruye).

Situaciones en las que hay disminución de luz solar por falta de sol, pueden provocar una restricción importante de vitamina D. Y es por eso que las necesidades de vitamina D varían según los hábitos de vida, el tipo de piel, la latitud geográfica, la climatología y la alimentación.

La vitamina D interviene en la absorción y mantenimiento del nivel de calcio de los huesos, y su déficit hace aumentar el riesgo de padecer osteoporosis y fracturas óseas (por pérdida de densidad ósea). Además, actúa a nivel intestinal, estimula la síntesis de proteína transportadora de calcio, estimula la reabsorción de calcio en los túbulos renales, favorece la absorción de fósforo y colabora con PTH para regular el calcio en sangre.

En niños, el déficit de vitamina D produce defectos en la mineralización del cartílago epifisario, produciendo una disminución del crecimiento que da lugar a raquitismo con ablandamiento y debilitamiento óseo.

En adultos que ya han finalizado el crecimiento, el defecto de mineralización se traduce en un aumento del tejido osteoide que da lugar a osteomalacia, que provoca debilitamiento óseo y muscular, con dolor óseo, reblandecimiento de huesos y propensión a fracturas óseas.

La vitamina D tiene funciones extraóseas; estimula el sistema inmunitario de forma innata, es decir, activa macrófagos y células monocitos, que reaccionan ante una agresión patógena, y el sistema inmunitario de forma adaptativa (aumentan el número de linfocitos Th2, bajan las citoquinas proinflamatorias (IL-12, IL-6, IL-1) y aumentan las interleuquinas 10, que provocan un efecto antiinflamatorio). Estos efectos controlan la respuesta inmunitaria y evitan fenómenos de autoinmunidad.

La apoptosis, o muerte de linfocitos T reactivos, contribuye a tolerar la autorreacción. Además, mantiene la integridad de la mucosa intestinal, haciendo impermeable la pared intestinal a patógenos.

La vitamina D se absorbe en el tercio distal del intestino delgado, ayudándose de la presencia de sales biliares, que almacena en el hígado (25-OH-colecalciferol), se elimina por la bilis y en el intestino se reabsorbe nuevamente formando un ciclo enterohepático.

Si hay patologías en este ciclo enterohepático, se produce déficit de vitamina D, como en cirrosis, hepatitis crónicas, obstrucciones biliares, enfermedades inflamatorias intestinales, enfermedad celíaca y en enfermedades con mala absorción intestinal.

En situaciones como insuficiencia renal, puede haber déficit de vitamina D (por la no conversión a su forma activa).

Las personas de piel oscura son más propensas a tener déficit de vitamina D, ya que, ante la exposición del sol, la melanina compite con el precursor de la vitamina D.

En situaciones de sobrepeso (la grasa impide la absorción de vitamina D), en embarazadas y en lactantes (se requiere más cantidad) y en personas mayores suele producirse menos vitamina D y, generalmente, su exposición al sol es más restringida.

Existen medicamentos que interfieren en la absorción y en la metabolización de esta vitamina D, como algunos anticonvulsivantes, glucocorticoides, antimicóticos, antirretrovirales y colestiraminas, entre otros, que pueden afectar el nivel de vitamina D en sangre.

En enfermedades dermatológicas, como el lupus eritematoso o el melanoma, que requieren una alta fotoprotección, se suele detectar disminución de vitamina D. Padecer algunas enfermedades como hiperparatiroidismo o linfomas también pueden disminuir los niveles de vitamina D.

Se consideran niveles deficitarios de vitamina D cuando se encuentran por debajo a 20 nanogramos por mililitro.

La suplementación debe estar siempre vigilada y prescrita por nuestro médico, porque puede ocasionarnos una intoxicación de vitamina D, o hipervitaminosis D, que dará lugar a una hipercalcemia o sintomatología de náuseas, vómitos, debilidad, dolor óseo, litiasis renales, alteraciones del ritmo cardíaco, confusión y desorientación, etc.

Por tanto, un aporte adecuado de nutrientes con vitamina D, junto con una exposición al sol regular (siempre que no haya contraindicación médica), nos asegura una buena síntesis de vitamina D, con todos los beneficios que nos puede aportar de manera natural.

¡Feliz verano!

Dra. Esther Álvaro

Licenciada en Medicina y Cirugía

Medicina Integrativa

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