EL EQUILIBRIO INTESTINAL

“Somos lo que comemos”. La cita es de Ludwig Feuerbach, filósofo y antropólogo alemán, en su libro Enseñanza de la alimentación.

 

Somos lo que comemos, somos lo que nuestras bacterias hacen con lo que comemos.

La gran importancia de mantener un equilibrio en nuestra flora intestinal hace que se recomiende, especialmente, una alimentación saludable y hábitos adecuados para regenerar la flora intestinal y reforzar nuestro sistema inmunitario.

“Comer sano”, con alimentos ricos en nutrientes, vitaminas y minerales, restringir alimentos procesados (ricos en grasas saturadas, colesterol malo, elaborados con aditivos químicos) y evitar azúcares y sal en nuestra dieta contribuye a mantener sana nuestra flora intestinal.

La flora intestinal, o microbiota, está compuesta por microorganismos, comunidades de bacterias que viven en simbiosis, en una perfecta relación, cuyo hábitat natural de colonización son las mucosas digestivas. Mientras que en el estómago y el intestino delgado contienen un escaso número de bacterias (junto al epitelio o en tránsito), en la luz del colon habitan el 95% de las bacterias, y son anaerobias, es decir, no utilizan el oxígeno.

Los tres grupos principales y predominantes son firmicutes, bacteroidetes y actinobacterium. El equilibrio entre estas especies es esencial para impedir la implantación de patógenos (infecciones y enfermedades), es un mecanismo de defensa con barrera mediante mecanismos de competición por el mismo sustrato o por el mismo lugar ecológico.

La mayoría de la microflora no se adhiere a la pared, sino que vive asociada a partículas de comida, junto con moco y en células exfoliadas.

 

Las funciones de la microbiota son:

– Acción metabólica, degrada algunos polisacáridos de los vegetales y contribuye a una mayor digestibilidad mediante enzimas que ayudan a la digestión de celulosas y pectinas, presentes en los vegetales, formando estos carbohidratos complejos en azúcares simples, que se fermentan fácilmente y son mejor absorbidos en forma de ácidos grasos de cadena corta.

 

– Ayuda, por tanto, a la absorción de muchos nutrientes, además de los carbohidratos, y contribuyen a la absorción de calcio y hierro en el colon.

 

– Favorece la síntesis de vtamina K y algunos complejos de vitamina B, B12, biotina, ácido fólico y pantoténico.

 

– La flora intestinal interviene también en el peristaltismo o movimiento intestinal, por lo que si hay alguna alteración de la flora bacteriana, puede ocasionar alteraciones digestivas como estreñimiento o diarreas.

 

– Ejerce un papel importante en el refuerzo del sistema inmunitario, fortaleciéndolo y aumentando las defensas frente a infecciones víricas y bacterianas.

 

La adquisición de la flora bacteriana en el recién nacido se produce a través de la madre, puesto que en el intestino de los neonatos no hay microorganismos, de aquí que sea tan importante administrar una dosis inicial de vitamina K.

A través del parto se adquiere por la flora vaginal y gastrointestinal de la madre y, posteriormente, a través de la lactancia (con predominio de las bifidobacterias). Al finalizar la lactancia, se adquiere otra flora de los alimentos que suele persistir hasta la edad adulta.

 

Esta persistencia por mantener un equilibrio en la flora intestinal puede romperse mediante:

– Alimentación pobre en fibra y aumento excesivo de grasas y azúcares.

– Malos hábitos, como tabaco, alcohol, sedentarismo, contaminación, estrés e insomnio y rutinas de sueño irregulares, que producen un desequilibrio en la microbiota.

– Infecciones víricas, bacterianas y hongos, que pueden alterar la simbiosis intestinal.

 

En tratamientos postinfecciosos con antibióticos (tan necesarios en indicaciones infecciosas), puede producirse una alteración en las cepas de la flora y ser más vulnerables a infecciones oportunistas. Tras tratamientos postoperatorios, en radioterapia y cirugía, son otras posibles causas que provocan un desarreglo de la microbiota.

– En algunas enfermedades que pueden ocasionar susceptibilidad en la flora intestinal, como intestinales inflamatorias, colitis ulcerosa y enfermedad de Crohn. Y otras alteraciones digestivas, en gastroenteritis, en intolerancias alimentarias, etc. hacen disminuir las colonias bacterianas beneficiosas.

– Viajes o desplazamientos fuera del propio hábitat, sobre todo en lugares sin medidas higiénicas, son otras formas de alterar el riesgo de romper el equilibrio microbiotico.

– Uso de laxantes de origen químico, que pueden ocasionar un descenso de la microbiota intestinal, sería otro de los factores a tener en cuenta para no dañar y mantener el equilibrio intestinal.

 

Tal vez, si cuidamos más nuestro interior, podremos mejorar nuestro exterior.

Dra. Esther Álvaro

Licenciada en Medicina y Cirugía

Medicina Integrativa