EL MUSEO DE LA MIEL

Jesús Sáez, albañil y aficionado a la apicultura, está llevando a cabo una gran labor para el medio ambiente. Dicha labor consiste en preservar las abejas, ya que son muy importantes para nuestro entorno, y enseñar a los más jóvenes los beneficios que conlleva la apicultura.

Este pequeño animal, al que mucha gente teme, es importante para nosotros porque se encarga de transportar el polen entre diferentes especies de flores. Este trabajo que ejercen las abejas lo que hace es que la flora que nos rodea cada año se multiplique de tal manera que cada año podamos tener árboles nuevos, frutas, flores, etc.

¿Creéis que las abejas mantienen un orden entre ellas o simplemente conviven juntas y ya está?

Pues tengo que deciros que tienen un orden jerárquico entre ellas. Cada panal lo tiene, y entre las abejas hay diferentes castas, es decir, cada una tiene su función.

Empecemos por la abeja reina. Esta se crea a partir de un huevo de dos días. Este huevo, para que se convierta en reina y no en otra casta, hay que ponerlo en jalea real (polen + miel). La función de la reina es, exclusivamente, reproducirse. No suele salir al exterior de la colmena, a menos que en el panal en el que está la reina haya nacido una nueva reina. Esta nueva reina es la que saldrá del panal para buscar una zona donde crear su propia jerarquía. La abeja reina puede vivir hasta cinco años.

Los zánganos (machos) solo se encargan de copular con la reina.

Y por último, pero no menos importante, las obreras, que cumplen varias tareas, y dichas funciones van asociadas a las abejas por edad, es decir, no hay diferentes castas entre abejas obreras, sino que a medida que van creciendo van cambiando de función.

Las primeras obreras (primera etapa de vida) se encargan de limpiar los panales de la cámara de las crías. Al cabo de unos días, estas obreras pasarán a ser nodrizas, y tendrán la función de de alimentar (miel + agua + polen) a las crías de la reina. A los 15 días de edad, las obreras empiezan a producir cambios morfológicos, de modo que empieza a producir cera.

Las abejas cereras se encargan de crear y reparar las celdas. A la hora de crear las cámaras, lo hacen por jerarquía, es decir, arriba del todo del panal está la cámara de la reina; en medio, los zánganos, y abajo del todo, el resto de abejas.

Luego tenemos las recolectoras (30 días de vida), que se encargan de hacer expediciones en busca de polen, néctar, agua, etc. para después llevarlo a la colmena y almacenarlo en forma de miel. Y por último están las defensoras que, como su nombre indica, son las encargadas de proteger la colmena. Estas abejas son las mayores, puesto que una vez que pican, mueren.

La apicultura no es un hecho que haya aparecido hoy en día, sino que este trabajo viene de muy lejos, para ser exactos, los egipcios, fenicios, griegos, romanos y árabes ya dejaron constancia sobre la apicultura.

Para poder tener un enjambre de abejas, antiguamente lo que hacían era ir a buscarlo al campo. Cogían un cazaenjambres (ver fotografía 2) y se lo llevaban para crear sus propias colmenas en casa. El método de transporte era en burro o caballo, y lo llevaban en cestas de mimbre.

Con 10 kg de miel hacían 1 kg de cera, y con 5 kg de cera virgen, 5 kg de estampado. Esta cera es la que usaban para los panales que creaban para poder criar más abejas y así poder tener miel.

Para que las abejas puedan cosechar tienen que estar en una zona con gran variedad de plantas (tomillo, hinojos, romero, etc.) y árboles frutales para poder extraer de todo ello el material necesario para crear la miel. Luego la gente fue aprendiendo más sobre estos pequeños animales y hoy en día tenemos productores de miel especializados en el veneno de abeja, e incluso hay concursos de abejas.

Ubicación: c/ García Esteban, 83. Báguena, Zaragoza
Horario: a convenir. Llamar al 978 733 397 para organizar una visita