Enfréntate a tus fracasos

Enfrentarse uno mismo a sus fracasos es un acto de introspección. Primero hay que aceptar que hemos fracasado. Esta aceptación tiene que ser interior y sin reñirse, ni excusarse. Tiene que ser un acto de reflexión y de aprendizaje. En Estados Unidos, en el currículo de las personas se valoran también sus fracasos. Las personas que se han enfrentado a situaciones difíciles aun no habiéndolas superado han obtenido una experiencia que también tiene un valor. Una vez entiendas el porqué del fracaso sin ninguna emoción añadida estarás preparado para verlo de forma objetiva y podrás aprender de él. Es en ese momento cuando aparece el miedo. Cuando lo entiendes significa que puedes enfrentarte de nuevo a ese reto. Si en el fracaso que tuviste la primera vez había elementos externos que no dependían de ti el miedo a que puedan volver esos elementos u otros distorsionadores no te permite avanzar. La realidad es que no podemos controlar todo lo que va a suceder. Podemos escoger caminos que parecen más o menos seguros, más o menos conocidos y andarlos con seguridad. Pero eso solo es una ilusión, y la seguridad tiene que convertirse en determinación frente a los imprevistos que siempre existen y siempre surgirán en el tiempo. Hoy en día está muy de moda hacer un plan de empresa para saber cómo empezar una nueva empresa. También deberíamos hacer un plan para saber en qué momento pausar o abandonar ese plan para que no nos arrastre. En una boda, antiguamente hablar de separación de bienes antes de la boda parecía tabú. Hoy en día evita problemas, si ese caso llega a darse. No dejes que el miedo controle tu voluntad de avanzar, no permitas que el peso de un fracaso no te deje levantar, y lo más importante, ten un plan de inicio y uno de fin. Disfruta de la vida y recuerda que “solo hay un camino, y es adelante”. Inspirado en mi primer libro, al terminarlo se me ocurrió una frase que espero os pueda servir: “La palabra fracaso la invento aquel que jamás lo intentó.”