Somos seres cambiantes

Puede que alguien se resista al cambio, e incluso niegue su evidencia, pero todos cambiamos, todos evolucionamos. A veces las personas cambiamos de forma radical y con cambios amplios que se ven rápidamente. Otras el cambio es lento, pequeñas cosas que poco a poco crean un conjunto de grandes cambios. Aquello que nos sucede durante la vida nos cambia, aquellas personas con las que nos relacionamos nos cambian y, aunque parezca increíble, las noticias que escogemos ver o los libros que escogemos leer también nos cambian. Hay personas que persiguen sus sueños por un tiempo, personas que nunca lo harán y otras que no dejarán de seguirlos y renovarlos. Puede que en la base nos parezca que no hemos cambiado. Lo podríamos llamar el tronco del árbol. El tronco parece siempre el mismo, parece que los cambios que se ven primero son aquellos que tiene que ver con las ramas. Igual nos pasa a las personas. Estos cambios que vamos haciendo de forma continua, por irrelevantes que nos parezcan, son parte de nuestra evolución, de nuestro crecimiento personal. A medida que vivimos experiencias e integramos conocimientos, vamos evolucionando en una u otra dirección. A veces elegida, a veces encontrada por casualidad. Siguiendo con la comparación del árbol, nuestras raíces cambiarán de forma que muy pocos puedan llegar a conocer nuestra parte más íntima. El tronco, nuestros principios, son cambios que notarán las personas más cercanas a nosotros, personas con las que solemos compartir bastantes horas a lo largo de los días o las semanas. Por último, las ramas que suelen cambiar con el tiempo son cambios superficiales más o menos importantes que se notan de forma rápida por parte de aquellas personas allegadas, pero a los que nadie suele dar mucha importancia, excepto a veces uno mismo. No hay que temer al cambio y hay que provocarlo cuando uno no se siente bien donde está. MUY IMPORTANTE: buscar el cambio si uno se siente bien pero sabe que podría estar mejor. ES MUY PELIGROSO acomodarse en una situación conformándose y diciéndose a uno mismo “estoy bien, estoy feliz”, sabiendo que podrías estar mejor, puesto que la situación en la que te sientes cómodo no es la más natural. Así pues, olvidémonos de lo que solemos llamar “zona de confort”, vivamos la vida y no solo aceptemos los cambios… ¡¡¡Provoquémoslos!!!